Prevención de incendios mediante vacas, cabras y burros: el experimento de España.

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Burro bombero

 

5 Agosto 2026 Mario Catania/ lindipendente on line
 
Título original: Prevenire gli incendi usando vacche, capre e asini: l’esperimento della Spagna

En Vincios, municipio de Galicia, un incendio en 2017 arrasó hectáreas de sotobosque y obligó a los residentes a reflexionar sobre el pasado. Las asociaciones que manejan colectivamente la tierra soltaron vacas de la raza Cachena, la más pequeña de la península ibérica, junto con cabras y ovejas, para que pastaran en la vegetación seca antes de que el fuego la consumiera. Desde entonces, esta práctica se ha extendido a otras regiones españolas: pastores, alcaldes y voluntarios están recuperando un método tan antiguo como la cría de ovejas, mientras el país se recupera de un año 2025 con cifras récord de superficie quemada y se enfrenta a un verano de 2026 con temperaturas en julio más de 5 grados superiores a la media del periodo 1961-1990.

La cachena, conocida localmente como la "vaca-cabra" por su voracidad y su capacidad para trepar por donde no pueden pasar los rebaños más grandes, casi había desaparecido debido a la intensa plantación de pinos y eucaliptos para la industria maderera, mientras que la población rural emigraba a las ciudades y las tierras quedaban en barbecho. El resultado fue una acumulación de maleza y arbustos en la misma región que en 2025 fue el epicentro de la peor temporada de incendios jamás registrada en España. El regreso de la cachena ilustra la magnitud del fenómeno: el número de cabezas de ganado aumentó de unas 400 que había antes, a 8.000 a principios de 2026, mientras que en Andalucía, Cataluña y Castilla-La Mancha, los propietarios y colectivos también están optando por la ganadería como medida preventiva.

Las cabras siguen siendo el animal más utilizado: entre los pocos herbívoros que se alimentan con facilidad de arbustos espinosos y plantas secas, el material más inflamable, y que, por lo tanto, crean cortafuegos. Esta técnica, con raíces en la agroforestería, también se adoptó este verano en las zonas afectadas por los incendios de Ávila y Madrid. Raquel Tejedor, investigadora del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, sostiene que este enfoque puede contribuir decisivamente a la prevención de incendios, especialmente en las zonas limítrofes entre pastos y bosques. La Comisión Europea apoya proyectos similares con fondos LIFE. Sin embargo, persiste un problema económico: mantener un rebaño es caro y poco rentable, por lo que los gobiernos locales financian a los pastores, complementando así otras prácticas de gestión del territorio.

Burros Bomberos

Junto a las cabras y las vacas, los burros también han aparecido en Cataluña. El proyecto Burros Bomberos comenzó en 2013 en Tivissa, Tarragona, cuando un incendio amenazó la propiedad del alcalde. De un pequeño grupo de animales, ha crecido hasta contar con cientos de burros empleados para mantener limpios los bosques y terrenos municipales. Según sus promotores, los senderos que trazan al pastar podrían ser utilizados por los bomberos para arrastrar mangueras. En el Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, la asociación El Burrito Feliz lleva una década impulsando una iniciativa similar con dieciocho burros, a los que su presidente, Luis Manuel Bejarano, denomina "bomberos herbívoros". Trabajan siete horas diarias de marzo a noviembre y, según la asociación, la zona no ha sufrido incendios forestales en nueve años. En Cataluña, la red Ramats de Foc, gestionada por la Fundación Pau Costa y el cuerpo de bomberos de la Generalitat, conecta a agricultores con servicios de extinción de incendios.

Que esto no es solo una idea de sentido común entre los agricultores queda confirmado por un estudio publicado en la revista Land, que analizó el caso de la Sierra de Gata en Extremadura, donde un incendio en 2015 arrasó casi 8.000 hectáreas. El proyecto Mosaico-Extremadura, impulsado tras el incendio, involucró a pastores y agricultores en 23 intervenciones que abarcaron 732 hectáreas, el 18% de las cuales se destinaron a la ganadería. Las simulaciones del comportamiento del fuego muestran que las zonas de pastoreo mejoraron su capacidad de extinción en el 84% del área analizada en el escenario más moderado y en el 76% en el escenario más extremo, especialmente en pendientes pronunciadas donde las cabras pueden acceder a zonas inaccesibles para vehículos motorizados. En Andalucía, el programa RAPCA (Red Andaluza de Pastizales-Cortafuegos) ya involucra a 220 pastores en casi 6.000 hectáreas de cortafuegos en bosques públicos.

Esta práctica no es exclusiva de la Península Ibérica. En California, entre Fresno y San Clemente, las cabras pastan en cardos amarillos, una planta altamente inflamable; en Italia, en el Monte Magnodeno, cerca de Lecco, los pastores reciben terrenos municipales gratuitos desde 2023 a cambio de desbrozar la maleza. El hilo conductor que une estas historias es el mismo: donde el hombre ha abandonado la montaña, el fuego ha ocupado su lugar, y lo que lo contiene, paradójicamente, no son drones ni helicópteros, sino un rebaño pastando como lo hacían antes de que se inventaran las mangueras contra incendios.

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