Reflexiones desde el VIII Congreso: La CLOC-Vía Campesina renueva su lucha en un mundo fracturado
El espejismo de la Revolución Verde: ¿Por qué el hambre persiste?
El año 1968 fue muy importante para América Latina y el mundo. Además de las movilizaciones de los jóvenes por la democracia y la libertad, el 8 de marzo de ese año, el administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), William S. Gaud, destacó en un discurso el papel que juegan la tecnología, la mecanización y los insumos químicos en el desarrollo rural. Dijo:
"Estos y otros avances en el campo de la agricultura contienen los ingredientes de una nueva revolución. No es una Revolución Roja violenta como la de los soviéticos, ni una Revolución Blanca como la del Sha de Irán. La llamo la Revolución Verde."
El discurso que en 1968 bautizó la “Revolución Verde” prometía acabar con el hambre mediante la tecnología, la mecanización y los insumos químicos. Medio siglo después, los datos revelan un éxito ambiguo. Según la FAO, la producción mundial de alimentos se cuadruplicó, alcanzando los 4 mil millones de toneladas anuales, suficiente para alimentar a la humanidad (1). Sin embargo, el hambre no ha sido erradicada: de 878 millones de personas subalimentadas en 1968, se pasó a 673 millones en 2025.
Muchos políticos y técnicos han apoyado la Revolución Verde, e insistido en que la agricultura y la alimentación deben ser más parecidas a la industria: con una tecnología desarrollada por ingenieros orientados a la productividad, se invierte en maquinaria e infraestructura, se contratan trabajadores, se producen los alimentos, y se venden en los mercados. Se suponía hace medio siglo, que esta vía "industrial" para la agricultura y la alimentación salvaría al mundo del hambre.
Con esto en mente, el uso de insumos industriales ha crecido casi 5 veces de 1968 a 2025, subiendo de 46 millones de toneladas en los tiempos en que se declaró la Revolución Verde, a 206 millones de toneladas anuales en la actualidad (FAOSTAT). Esto ayudó a aumentar la producción. Actualmente se producen 4 mil millones de toneladas de alimentos anuales, que podrían alcanzar holgadamente para alimentar a toda la población mundial.
El problema, como demostró el premio Nobel Amartya Sen, rara vez es la escasez física de comida. Las grandes hambrunas modernas —Irlanda (1845-1852), Rusia (1921-1922), Ucrania (1932-1933), China (1959-1961),— provocaron millones de muertes, pero no estuvieron relacionadas a episodios de gran falta de producción de alimentos. Todas ellas, estuvieron más bien ligadas a privaciones políticas, conflictos y falta de derechos, no a la falta de fertilizantes o semillas mejoradas. Hoy, las crisis más agudas (Palestina, Sudán, Haití) confirman este análisis: el hambre es, ante todo, un fracaso de la justicia y la gobernanza.
La gran apuesta fallida: La agricultura como commodity global
La Vía Campesina
| El Subcomandante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, "Marcos" en Salamanca, estado de Guanajuato, en el 2006. Foto: Dominio púbico |
En enero de 1994, frente al auge que estaban teniendo las políticas "neo-liberales", el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en Chiapas, México, en contra de dichas políticas y a favor del reconocimiento de los sistemas organizativos indígenas en los ámbitos cultural, social, político, económico y ambiental.
En ese mismo año, hubo un segundo levantamiento indígena en Ecuador. También se levantaron los cocaleros en Bolivia, y hubieron movilizaciones por la reforma agraria en Paraguay, Guatemala y Brasil, entre otras manifestaciones y acciones de lucha (4).
En ese contexto, en febrero de 1994 se realizó el I Congreso de la CLOC. A partir de entonces, esta articulación regional de organizaciones ha realizado sus congresos cada 3 o 4 años.
| Las actividades del congreso incluyeron una visita a la casa en donde nació Emiliano Zapata, comandante del Ejército Libertador del Sur. Foto: Francisco Chapela |
Un congreso en tierra zapatista: Reunificación y resistencia
Celebrar este VIII Congreso en Morelos, cuna de Emiliano Zapata, fue altamente simbólico. La visita a su casa natal recordó que la consigna zapatista de “La tierra es de quien la trabaja” sigue viva. El grito “¡Zapata vive, la lucha sigue!” resonó como un puente entre las revoluciones agrarias del siglo XX y las luchas contemporáneas.
| Las aguas de Oaxtepec, eran usadas por los gobernantes nahuas para mantener su salud y relajarse. Foto: Francisco Chapela |
En diciembre de 2025, se realizó el VIII Congreso Continental de la CLOC-Vía Campesina en Oaxtepec, Morelos, México. En él participaron más de 500 delegados de 90
organizaciones de 22 países de América Latina, incluyendo campesinos,
pueblos indígenas, afrodescendientes y pescadores.
El evento fue particularmente significativo por la reintegración plena de las organizaciones mexicanas, cuyo papel se había debilitado en años recientes. Saúl Vicente Vázquez, fundador de la Unión Fuerza Indígena y Campesina (UFIC), destacó esto como un logro central:
“Ante un contexto que apunta a un nuevo colonialismo, el movimiento se aglutina y fortalece”.
El dirigente de la Unión Fuerza Indígena y Campesina (UFIC) y del Consejo Internacional de Tratados Indios (IITC), Saúl Vicente, observó como muy positivo que en el VIII Congreso de la CLOC se planteara revitalizar y reforzar la participación de las organizaciones campesinas de México. Foto: Rosy Ramales |
Además de las sesiones generales del Congreso, hubieron reuniones de mujeres, jóvenes y niñez, todas ellas enfocadas en la soberanía alimentaria y la resistencia contra el fascismo y el imperialismo. Aunque no estaba contemplado en el programa, a petición de varios y varias delegados y delegadas, se realizó la Primera Asamblea de Articulación de Diversidades de la CLOC-Via Campesina.
| En diciembre de 2025, se realizó el VIII Congreso Continental de la CLOC-Vía Campesina en Oaxtepec, Morelos, México. Foto: Francisco Chapela |
El evento contó con el respaldo y la participación de la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia, y representantes de diversas secretarías del gobierno estatal (Gobierno, Salud y Desarrollo Sustentable).
La agenda del congreso incluyó sesiones plenarias de formación, paneles con expertos y sesiones temáticas.
| Las y los delegados del VIII Congreso mantuvieron la presencia de sus países y organizaciones. Foto: Francisco Chapela |
Conclusión: Un movimiento fortalecido para tiempos inciertos
Si La Vía Campesina se formó durante el auge de las políticas neo-liberales, que apuntaban hacia la globalización, el VIII Congreso de la CLOC se realizó en un momento en el que las políticas internacionales se fracturan, los organismos multilaterales se debilitan y pareciera resurgir un nuevo colonialismo, con el gobierno chino promoviendo la "Franja y Ruta de la Seda" del siglo XXI, y el gobierno de los Estados Unidos buscando acaparar los recursos del continente americano y Groenlandia, bajo la llamada "Doctrina Donroe" (6).
El congreso y sus asambleas paralelas (de mujeres, juventudes, diversidades y niñez) delinearon una hoja de ruta clara:
- Soberanía Alimentaria y Comercial: Exigencia de excluir los granos básicos de los tratados de libre comercio. “Los alimentos no son un arma de guerra”.
- Derechos Campesinos (UNDROP): Compromiso para usar la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Campesinos como herramienta política y legal para una vida digna en el campo.
- Unidad Contra el Neocolonialismo: Ante la “Doctrina Donroe” de EE.UU. y la “Franja y la Ruta” china, el llamado fue a reforzar la solidaridad internacional y reconfigurar el movimiento.
- Declaraciones Específicas:
- Diversidades: Su primera asamblea continental declaró: “Las diversidades existen y resisten”.
- Juventudes: Enfocada en el relevo generacional y la lucha contra el imperialismo.
- Mujeres: Reafirmaron el feminismo campesino y popular como eje transversal.
Su mensaje es claro: la solución al hambre y a la crisis ambiental no vendrá de más globalización corporativa ni de tecnologías mágicas, sino de empoderar a quienes trabajan la tierra, defender sus derechos y construir sistemas alimentarios locales, justos y resilientes. La lucha por la reforma agraria integral y la biodiversidad tiene, en este movimiento continental, uno de sus pilares más sólidos.
Atardecer en Oaxtepec. Foto: Francisco Chapela |
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